Comentarios sobre el Maitreya

1) El Maitreya

Por los años 1972-77 es esperado sobre la tierra la nueva Divina Encarnación de cuarta categoría.
Los estudiantes espirituales, en el deseo de saber algo de su vida, de su misión y de su futura obra, se dejaron llevar por el entusiasmo y han escrito sobre Él, cantando su poder, embelleciendo su obra y dando brillo real a todos los contornos de su existencia.
Pero su futuro permanece oculto en el misterio del porvenir.
Es probable que la realidad sea muy distinta de lo soñado, y que Él sea un varón humilde que pasa inadvertido por su aparente insignificancia entre la multitud, pues seguramente ha de ser heredero de Aquél que dijo: “Mi delicia es vivir entre los hijos de los hombres”.
Lo que importa conocer de antemano, a grandes rasgos, es la forma que llegará a la Humanidad, la misión que tendrá que desarrollar entre los hombres, y qué nuevo sentido de la vida donará a estos.
Evidentemente, la Humanidad ha salido del oscurantismo, los hombres saben leer, tienen aspiraciones sociales y determinan sus vidas, de cierto modo. Cuando se encuentran solos, piensan a su manera y sienten de un modo propio y personal, si bien la Humanidad sigue aún el instinto colectivo de las masas.
La agonía de la hora actual es ésta: vislumbrar y no ver, querer y no poder, salir fuera de los velos de la ignorancia para sentir sobre sí el peso de la incomprensión, y es éste un martirio más interior que exterior. Las grandes ruinas externas son, en realidad, el resultado de esta lucha interior.
El hombre de antes podía vivir relativamente tranquilo porque no sabía nada y era dirigido; en cambio, el hombre actual, al saber tan sólo un poco, este saber es para él su mayor enemigo y tormento.
El Maitreya viene a la Humanidad para provocar la solución de este vital problema de la raza. ¡Cuán difícil es su misión!
¿Para ser feliz, el hombre ha de vivir identificado con la colectividad, o encerrado dentro de sí mismo, como si nadie existiera fuera de él?
¿Será la misión que trae el gran Ser la de amasar su carne con su espíritu y hacer así un nuevo pan para satisfacer al hombre?
¿Juntará tanto de carne, tanto de mente, tanto de espíritu para dar con la armonía una solución para los grandes problemas actuales?
¿Enseñará la necesidad de aniquilar completamente la voluntad, o rebelarse a todos y a todo, siguiendo solamente el impulso personal para ser feliz?
Esperan los hombres de buena voluntad, los discípulos fieles, los Iniciados del Fuego, silenciosos, de rodillas, humildemente, limpio el corazón y la mente sosegada, su Enseñanza, su contestación, su admirable verbo. (del Libro V: “Grandes Iniciados de la Raza Aria”, Capítulo 16).

2) Iniciados Solares de Cuarta Categoría

Los Iniciados Solares de Cuarta Categoría aparecen sobre la tierra siete veces en el transcurso de cada subraza, para facilitar la labor de adelanto espiritual de la Humanidad.
Los pueblos de todos los tiempos presentan como prototipo de su raza a uno de Ellos, el cual, viviendo dentro de las condiciones de las ideas de su pueblo, procura renovarlas y vigorizarlas de tal forma que deja una huella indeleble y un recuerdo divino de su obra, iniciando por sí solo, una nueva era.
El Iniciado Solar de Cuarta Categoría se une estrechamente a los hombres participando de sus vidas, y haciéndose carne en Él los problemas de aquellos, de manera que Él mismo se transforma en una imagen de sus problemas. Él, Dios, al procurar solucionarlos como parte de su misma carne y de su idiosincrasia humana, se transforma en un Salvador de la Humanidad.
Es tan estrecha la unión del Dios-Hombre con los hombres, que en muchos casos ha preponderado, aparentemente, su forma humana sobre la divina. En Él, lo divino y lo humano están tan estrechamente unidos, que siente los dolores de la humanidad de tal modo que, puede decirse, el Iniciado Solar de Cuarta Categoría lleva en sí todos los dolores de la humanidad; porque sólo un hombre perfecto, por ser verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, puede sentirlos y padecerlos integralmente.
El trabajo de Ellos es recordar la Idea-Madre, vivificarla y renovarla, quitando los escombros que el tiempo y la obra imperfecta de los hombres han amontonado sobre ella. Su misión es la de crear una voluntad individual de la Humanidad.
Muchas veces los Iniciados Solares de Cuarta Categoría han descendido sobre la tierra. Siempre su venida fue sin semilla de karma personal o universal, y su concepción ha sido verdaderamente virginal. Su advenimiento ha sido preparado y profetizado por grandes Iniciados Lunares y del Fuego. Además, una corte selecta de estos últimos, los ha acompañado en vida, como parientes, discípulos, allegados y Maestros.
El Iniciado Solar de Cuarta Categoría afirma su divina encarnación durante su vida, con palabras inequívocas, con obras singulares, con hechos milagrosos y profecías que se cumplen, delante de testigos y en forma pública, de modo tal que su recuerdo entre los hombres sea imperecedero.
Para que su obra evidencie verdaderamente su alta finalidad, testifican con su sangre el recuerdo y la de su doctrina.
Después de su muerte, desintegran rápidamente su cuerpo. Con ella todos los seres humanos y los que están en los planos astrales, reciben una notable y benéfica influencia. A los cuarenta días desintegran también sus cuerpos sutiles y se reintegran al seno de la Divinidad.
Su misión sobre la tierra termina con su muerte; pero Ellos siguen amparando espiritualmente a la Humanidad durante toda una subraza de familia, la cual, por consiguiente, crea, sobre sus doctrinas, una religión.
Durante la actual subraza se recuerdan varios de estos Grandes Iniciados, como ser: Krishna, Hermes, Buda y Cristo. (del Libro V: “Grandes Iniciados de la Raza Aria”, Capítulo 6).

3) El Fuerte Libertador

Cafh espera el próximo descenso de la Divina encarnación sobre la tierra.
El Fuerte Libertador, el Maitreya, el Cristo Glorioso, es la imagen del Ser Divino esperado.
Muchos afirman que la Divina Encarnación en realidad no encarna en un hombre, sino sólo anima una forma, o da impulso a un ser escogido. La naturaleza del Dios-Hombre es sólo divina; su humanidad no es más que un reflejo, una ilusión. Otros afirman que la Divina Encarnación es un símbolo, una imagen del descenso del espíritu a la materia y la elevación del mismo a su prístino estado; una analogía divina que indica el nacimiento de una fuerza espiritual en el alma, que es la manifestación trascendente de Dios en el ser, ya que el alma puede salvarse por sí sola.
Otros más afirman que la Divina Encarnación está real y esencialmente encarnada en el Hombre-Dios, y que su naturaleza es humana y divina.
Los orientalistas dicen que la Divina Encarnación realmente humana y divina, viene periódicamente sobre la tierra para salvar a la humanidad.
Los cristianos dicen que la Divina Encarnación, realmente humana y divina, encarna en el Dios-Hombre sobre la tierra para redimir a la Humanidad, y que este acto divino, por ser integral y satisfactorio, no puede ser repetido; es único.
Cafh tiene al respecto su propia opinión que se expondrá aquí, pero que en última instancia deberá ser aclarada individualmente por el Hijo a medida que se acentúa en él la pureza interior y la claridad mental.
El ser tiene que lograr su liberación interior por su propio esfuerzo. Pero esta humana voluntad pierde todo valor determinante cuando se desune del fin común y único. El destino de perfección inherente al alma es su participación a la conciencia cósmica.
Entonces el ser por sí solo logra la liberación porque determinadamente se pone en contacto con las fuerzas de liberación cósmicas.
La liberación del ser es preestablecida por un acto puro de la conciencia divina, y lograda por el ser mismo en sí, por un acto voluntario de participación y esfuerzo. Es indispensable, entonces, la participación de la Encarnación Divina para la salvación de los seres y del ser.
Esta salvación, entonces, no se efectúa sólo individual y parcialmente, sino es colectiva para todo el género humano, para todas las fuerzas vivas de la tierra predestinadas, y al mismo tiempo para cada ser de por sí.
Este proceso divino humano en bien de la redención total de los seres, puede ser observado en el curso del desenvolvimiento de la raza aria.
En los principios de la raza, la Revelación y la Tradición expresaban únicamente un contacto del hombre con Dios a través de la reverencia y la pleitesía. Dios impera constantemente en el mundo y sobre el hombre, y el hombre a su vez tiene los ojos continuamente elevados al cielo en busca del amparo de este Dios; pero no lo conoce sino a través de las grandes manifestaciones de la naturaleza. Como pasan los ciclos de vida, esta idea se hace más profunda en el hombre, pero simultáneamente establece una valla infranqueable entre Dios y el hombre.
Dos cosas completamente distintas: un Dios inmanente y un hombre creado. Dos paralelas que se alejan cada vez más de su punto de partida, y que ningún sistema filosófico ni imagen especulativa de la mente llega a unir; es una separación infranqueable.
El alma pierde su potencial unitivo con Dios, y queda así inhibida para los grandes vuelos frente a un gran vacío.
Dios sólo puede llenar ese vacío. Sólo Él puede acercarse al hombre y atraerlo a Sí. Éste es un hecho no sólo humano, sino racial y cósmico.
La Divina Encarnación es Dios mismo que toma forma humana para llenar ese gran vacío.
Más, para que este descenso divino a la tierra sea tal, no puede ser un hecho ideal, una irradiación, una imagen, una potencia directiva, sino ha de ser un hecho real, efectivo, carnal. De no ser así no llenaría su fin.
La idea del descenso divino a la tierra se hace sentir simultáneamente, a un mismo tiempo, sobre toda ella.
La plasmación de la Idea Mesiánica lo impregna todo en un mismo instante.
A la distancia del tiempo, esto se puede casi probar históricamente.
El acontecimiento de un Dios hecho hombre no está mencionado en ninguna de las tradiciones más antiguas, especialmente, ni en las védicas ni en las hinduistas.
La Revelación sólo establece las relaciones del hombre con el Dios cósmico.
La Idea Mesiánica que se manifiesta en el mundo, antes del advenimiento de Cristo, remonta a pocos siglos antes de su venida y aparece simultáneamente en todas les religiones y en todos los pueblos.
La idea de la necesidad de un Mesías Redentor se plasma en la mente del mundo. Osiris, el Dios protector de los muertos, se transforma en Egipto en el Redentor, muerto, despedazado y vuelto a resucitar para bien de los hombres.
En la India, el Divino Redentor Krishna encarna en la tierra, se hace semejante a los hombres, participa de sus vidas y de sus males para poder salvarlos. Krishna en ningún texto indo está mencionado históricamente antes del período mesiánico.
Cristo, hasta los nombres son parecidos en su raíz, es el Dios-Hombre que vive y muere para redimir a la Humanidad. La Divina Encarnación del Iniciado Solar de Cuarta Categoría es un hecho divino y humano, ideal y material, cósmico e individual.
El acto redentor, entonces, si es un hecho real, si es un acto divino pleno, no puede ser repetido: es único. La Divina Encarnación encarna periódicamente sobre la tierra; pero el acto crucial de la redención de una raza sólo puede ser consumado una sola vez.
La Divina Encarnación encarna entre los hombres y se pone en contacto directo con ellos.
Vuelve en otra etapa y alumbra sus mentes; retorna otra vez e impregna todo de su presencia.
Los hombres están idealmente predispuestos para la redención por la influencia de las Divinas Encarnaciones que han encarnado en ellos, pero la redención carnal efectiva sólo se consuma una sola vez.
Cristo, con su participación humana a los dolores de la Humanidad, en su Pasión los redime plenamente. Aún carnalmente.
Más la redención potencial de la Divina Encarnación de Cristo ha de ser actualizada en cada ser. Cada hombre ha de transformarse en otro Cristo, para hacer efectiva en él la Divina Redención.
Lo que fue hecho y abarcó toda la conciencia de la Humanidad lo ha de repetir cada alma en sí con voluntad y esfuerzo.
El descenso de la Divina Encarnación a la tierra en la próxima aparición, ha de lograr plenamente este fin.
El Fuerte Libertador ha de quebrar la puerta que separa al alma de la divinidad, para que ésta logre una trascendencia divina.
Y este Divino, real, iniciático advenimiento es el esperado por Cafh (del Libro XII: “Vida Espiritual de Cafh”, Capítulo 13).

4) Referencias Escritas en las Enseñanzas

Libro I “Desenvolvimiento Espiritual” (1.14): En la generación actual no hay ningún Iniciado Solar sobre la Tierra, pero sí algunos de sus discípulos directos.

Libro I “Desenvolvimiento Espiritual” (1.15): Uno ha aparecido o aparecerá entre los hombres, por los años 1972-77, momento inicial de la época del signo de Acuario o Hidrochosa.

Libro III “Simbología Arcaica” (3.1): La Tierra está bajo el signo zodiacal de los Peces y la Humanidad experimenta continuamente su influjo; aún viven los hombres una era de par de opuestos, de altos y bajos, de colectividades o personalidades absolutas, y, si bien se vislumbra la nueva raza de Acuario, que empezará por los años 1972-77, todavía ella no se ha afirmado sobre la Tierra.

Libro III “Simbología Arcaica” (3.2): Desde que el signo de Piscis empezó, el 28 de la Luna de Febrero es aquel que más magnetismo descarga sobre el planeta por su conjunción zodiacal; por consiguiente, este día es muy apropiado para empezar toda labor psíquica y emprender estudios metafísicos que requieren cierto magnetismo para colaborar con la voluntad humana.

Libro III “Simbología Arcaica” (3.5): La nueva raza de Aquarius, sin embargo, ya ha aparecido, con su nuevo signo, con su nueva personalidad y mentalidad; indudablemente, la barca, el barquero y la tinaja de Aquarius avanza con velocidad.

Libro XII “Vida Espiritual de Cafh” (1.18): El planeta y los hombres están impregnados de la gracia y de la protección de la Divina Encarnación del Gran Iniciado Solar. Éste, al cual llamamos el Cristo, ha intervenido directamente en la redención y posibilidad de adelanto de la Humanidad actual.

Libro XII “Vida Espiritual de Cafh” (1.19): Como una nueva raza está por empezar, la Divina Encarnación volverá sobre la tierra para renovar y fortalecer la obra de Cristo.

Libro XII “Vida Espiritual de Cafh” (1.20): Los discípulos orientales llaman a este Gran iniciado Solar: Maitreya. Cristo anunció claramente en los Evangelios su regreso triunfal a este mundo.

Libro XII “Vida Espiritual de Cafh” (7.27): Los Grandes Iniciados Solares de la Cuarta Categoría, cuando la oscuridad es más profunda sobre el mundo, vienen a vivir entre la humanidad, para restituirle el sentido de su origen divino y sobrenatural, y ayudarle a cruzar el gran puente de la razón, para que circule libremente de la tierra al cielo. Pero no basta este auxilio. Para que el poder humano se transforme en divino, es necesario una unión substancial de los dos elementos, humano y divino. Es necesario entonces que la misma divinidad nazca y viva en él, se injerte en él, se haga su propia vida, para que al fin se constituya la Idea Madre de la Raza: el logro del Hombre-Dios.

Libro XII “Vida Espiritual de Cafh” (7.28): Ésta, “1945”, es la hora de tal divino alumbramiento.

Libro XVIII “El Camino de la Renuncia” (13.16): Los Hijos son sus discípulos; lo han dejado todo para ser corredentores con la Divina Encarnación, con el Maitreya que vendrá.

Libro XVIII “El Camino de la Renuncia” (15.18): Desde allí sean los verdaderos corredentores de la Humanidad junto al Gran Salvador, y desde allí pueden atreverse a mirar el porvenir, tan desconocido para los hombres, pero que adquiere una claridad inmensa a los ojos de aquel que ya no tiene ojos para ver este mundo.

Libro XVIII “El Camino de la Renuncia” (15.19): En verdad, los Hijos de la Renuncia, llamados a esta tierra únicamente para cumplir su misión de muerte mística, han sido enviados a preparar los caminos del Gran Salvador en una hora terrible y difícil para la humanidad. Desde ese año de 1945, desde ese 16 de junio todos los hombres que quedaron de pie estaban destinados para ver el principio de la nueva raza. Ese día prepararon allí, en ese desierto americano, la primera bomba atómica cuya energía se levantó a los ojos de los hombres como un monstruo desconocido, avasallador, que paralizaba todos los sentidos. Desde ese momento se ha entrado en la nueva era.

Libro XVII “El Camino de la Renuncia” (15.30): …y no sólo esto lo sostiene, sino el Amor Divino del Maitreya. Por mucho que se haga, nada servirá sin que Él venga a la tierra.

Libro XVIII “El Camino de la Renuncia” (15.30 (15.31): Pidan los Hijos para que Él venga a poner Su Mano para que la destrucción inevitable no sea tan tremenda. Pidan para que sean muchos los seres que puedan salvarse.

Libro XIX “Los Mensajes” (9.14): Un número grande de seres y de Iniciados están por venir sobre la Tierra acompañando al Divino Redentor.

Libro XXXVI “Conferencias de Embalse” (11.8): Levántese, Hija, y venga a desposarse con la Divina Encarnación, con el Gran Maitreya.

Libro XXXVI “Conferencias de Embalse” (28.3): Creo que esto es lo que enseñará el Maitreya, la nueva expresión de la Encarnación Divina: la forma, la manera en que debemos convertirnos en Cristos pequeños, en pequeños holocaustos, en pequeñas hostias.

Libro XXXVI “Conferencias de Embalse” (28.4): Somos los precursores del Maitreya.

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