Curso XXXVI - Enseñanza 14: La Liberación

La esclavitud del deseo pesa sobre la humanidad y ésta, en lugar de desembarazarse de los lazos que la atan, se envuelve cada vez más en la cadena del dolor.
La Humanidad es esclava de la carne, esclava de las enfermedades, esclava de la vejez, esclava de la muerte, y aún cuando todos claman por la libertad ésta es para los hombres una esfinge, una Isis velada.
Sin embargo, el destino del Espíritu es la liberación, es alcanzar la felicidad y la dicha suprema de la Unión Divina.
Los seres humanos para libertarse de estos lazos, dan una extremada importancia a la vida futura y a la felicidad de los mundos superiores, cuando esto, si no se elimina el deseo, es encerrarse en una jaula más grande, dejar la jaula humana para encerrarse en la jaula mental.
Tampoco es lograr la liberación, por libertarse del deseo, afirmar que todo es ilusión, que nada vale la pena, que amar y sufrir son ataduras; ya que al negarse a cumplir las leyes de la vida, se puede caer esclavos de la indiferencia y de la apatía.
La liberación sólo se logra por la ausencia del deseo, y no por la ausencia de los resultados del deseo.
La liberación no consiste en desecharlo todo, sino vivir la vida sin desearla, abrazar el dolor como se abraza uno a la fuerza que ha de levantarlo sobre las miserias humanas y sobre todo, trabajar por trabajar, sin esperar recompensa.
No es desechando la ilusión como se la supera, sino conociéndola; y conocerla es no atarse a ella.
La ausencia verdadera de deseo que permite la liberación interior, es impedir siempre que el alma se identifique con el objetivo de su experiencia.
Vivir y amar es parte de la Eternidad, si se vive y se ama con el pensamiento puesto únicamente en el fin real. Cuando la vida no ata, cuando el ser cruza los senderos de la Manifestación conociendo, pero no atándose a nada, se identifica con la Divina Voluntad, que es el portal de la Eternidad. Bien dijo Schopenhauer que el principio de lo manifestado fue la voluntad, y que por voluntad fue hecho el Universo.
A la ausencia del deseo que lleva a la Unión Divina o Liberación, se llega por cuatro senderos:
• Por el Amor Real
• Por la Asistencia y Trabajo
• Por la Ascética Mística
• Por la Enseñanza
Estos cuatro senderos en sí son uno; los cuatro llevan el alma al Templo de Oro; los cuatro pueden dar la Realización suprema; son distintas vías que llevan a un único centro.
El sabio y el santo se encontraron un día y conversando se dieron cuenta que los dos sabían de un mismo modo. El sabio le preguntó al santo: “¿Cómo sabes tú lo que a mí me ha costado tantos años de estudio?”, y éste contestó: “Lo sé porque lo siento, como tú lo sientes porque lo sabes”.
El amor es el principio del sendero.
En el Universo todo es amor, y como no hay dos amores, porque el amor humano es una miniatura del Amor Divino, aquél que ama puede llegar a la Suprema Realización.
El amor es aquél que crea a los héroes, perdona a los criminales, fomenta las virtudes, embellece la fealdad y junta con un lazo indisoluble el alma y el espíritu, el bien y el mal, lo finito y lo infinito.
Dijo Jesús a la Magdalena: “Mucho te ha sido perdonado porque mucho has amado”, y Ramakrishna dijo: “Se empieza por el amor y se termina con el amor”.
Miles de almas aparentemente ignorantes, sin conocimiento alguno, sin haber hecho cosa extraordinaria, llegaron por el amor a la Unión Divina. Teresita de Lisieux bien dijo: “Mi vocación es amar”.
La asistencia y trabajo es el sendero de los valientes, duro de recorrer, lleno de pruebas y escollos en donde las manos se encallecen por lo difícil de la acción, pero que transforma el objetivo de la labor en el Ideal Divino.
Todos los próceres de la civilización y del progreso fueron trabajadores indómitos, despreciados y ultrajados. Ellos sabían que jamás tendrían una satisfacción inmediata por su trabajo; sin embargo, siguieron impávidos su obra. Es que ellos sabían que el fruto verdadero del trabajo es eterno e inaccesible para la corta visión humana.
El sendero de la Ascética Mística es el más arduo, pero el más seguro. Introvertirse continuamente para conocerse mejor y hacer de la vida un acto espontáneo de autocontrol es difícil; pero lleva a resultados sorprendentes de liberación interior. Aquél que sigue este método se desmenuza a sí mismo fisiológicamente, psíquicamente, astralmente, hasta que llega al Manantial Eterno.
Los métodos a seguir son: la Meditación, la Concentración, la Contemplación, el Éxtasis, y por último, la Unión Divina.
Algunos creen, sin embargo, que el sendero de la Asistencia es más útil que éste, pues ayuda más directamente a la humanidad; pero olvidan que la verdadera y primordial ayuda emana de la mente, del pensamiento. Los Iniciados Solares de Cuarta Categoría aparecen sobre la tierra, y desaparecen enseguida de cumplir su labor pública de Enseñanza y Sacrificio; pero los Iniciados Solares de Tercera Categoría, para mantener la Idea Madre sobre la tierra, no pueden dejar un instante su Labor.
La Enseñanza es el sendero del estudio, del conocimiento y del saber.
El investigador atento, el científico tenaz, el filósofo y el teólogo, surcan en sus pensamientos y en el pensamiento de la humanidad ramificaciones de posibilidades infinitas.
El estudio continuado fuerza a la Naturaleza y al Cosmos a revelar sus Misterios; el conocimiento es iluminación de la mente. Dijo Cristo: “El conocimiento os libertará”; y el saber que se adquiere a través de largos años de especulaciones iluminativas, descubre al estudiante las verdades fundamentales del Universo, que son prenda segura de liberación.

Fundador de CAFH

Las Enseñanzas directas de Santiago Bovisio quedan así depositadas en manos de los hombres, cumpliéndose de esta manera su mandato final= ¡Expandid el Mensaje de la Renuncia a toda la Humanidad! Que la Divina Madre las bendiga con su poder de Amor.

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