Curso II - Enseñanza 13: Las Enfermedades

El dolor es, entonces, compañero de todos los hombres, bajo todo aspecto y forma. Las fuerzas mentales se ven continuamente obstaculizadas y oprimidas por las deficiencias físicas, por las enfermedades. Un médico dijo que la Humanidad está enferma y no decía mal, ya que no hay hombre que no padezca algún mal físico más o menos grande. Desde la juventud se establece en el organismo esa lucha, escondida y enconada, entre el principio de destrucción y el conjunto de resistencias.
Cuando más parece necesaria la fuerza física para el triunfo, un enemigo, hasta entonces ignorado, aparece en forma de enfermedad para aplastar al hombre. Aquí juegan dos importantes factores: el temor que es un eficiente auxiliar del principio de destrucción y el espíritu de Sacrificio que es el auxiliar del conjunto de resistencias.
Nada hay más bello que la conformidad y el estoicismo en las enfermedades. Aquél que toma la enfermedad, que a veces se cree incurable, como un medio de perfeccionamiento, con verdadero espíritu de Sacrificio, a veces logra vencerla. El gran General San Martín, cuando se vio completamente agobiado por las hemorragias producidas por sus úlceras estomacales, pensó que ya no valía la pena ocuparse de su cuerpo y se dedicó de lleno a sus tareas militares, diciendo: “Quiero terminar mi obra antes de morir; no importa mi enfermedad ni importan los consejos de los médicos”; así se curó.
Hay casos en que la fuerza del pensamiento y el espíritu de Sacrificio, si bien no pueden vencer a la enfermedad, por demasiado grave, la localizan de tal modo, que forman a su alrededor una defensa que no le permiten salir de su ciudadela. El dolor físico, a veces, no sólo mantiene despierto al hombre, sino que actúa como un estimulante para seguir adelante.
Preguntó un discípulo a su amigo enfermo, que sufría dolores fuertes de lumbago, si padecía mucho; el amigo contestó: “No mucho; este dolor me sirve de punto de concentración”.

Fundador de CAFH

Las Enseñanzas directas de Santiago Bovisio quedan así depositadas en manos de los hombres, cumpliéndose de esta manera su mandato final= ¡Expandid el Mensaje de la Renuncia a toda la Humanidad! Que la Divina Madre las bendiga con su poder de Amor.

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