Curso XXVII - Enseñanza 13: La Religión de Moisés

Los Atlantes poseían una religión divina que, considerando al Absoluto como fuente de todas las cosas y única realidad, despreciaba considerar la vida física y la finalidad del hombre después de la muerte.
Pero este concepto, en las últimas subrazas Atlantes en plena decadencia, se transformó en un materialismo total.
Los Semitas, herederos de esa religión, tenían el mismo concepto del hombre. Dios es el Todo, el Absoluto, Aquél que no se puede nombrar, Aquél que abarca todas las cosas; pero el hombre es pasajero.
A diferencia de los Arios, que creen en una vida después de la muerte, que creen en los “Pitris”, protectores invisibles de la raza, los Semitas y en particular los Hebreos, no creen que el hombre subsista en el más allá; les basta tener una vejez venerable y respetada, les basta que su nombre sea pronunciado con veneración después de la muerte y que el recuerdo del patriarca sea perpetuado en su raza.
Más allá no hay más que la nada, el silencio eterno, lo que el hombre no tiene derecho a investigar. En el más extraordinario de los casos, algunos hombres escogidos serán arrebatados, aún con vida, hacia los reinos de Dios para vivir junto a Él.
Las tribus nómadas de los Hebreos, o mejor dicho algunas de ellas, se habían establecido en el bajo Egipto y tan se asentaron allí, que tomaron nombre propio ya que eran denominadas Ben-Josef. Tomaron predominio sobre los Ben-Israel y los Ben-Jacob y los atrajeron hacia sí dominándolos después y manteniendo sobre ellos un predominio aristocrático.
Pero las frecuentes invasiones nómadas habían debilitado a Egipto y a los Faraones y periódicas revoluciones internas eran suscitadas por estos extranjeros en las provincias faraónicas.
Un joven adscripto al servicio del culto Egipcio, o Levi, llamado Moisés, levantó a los Hebreos contra los Faraones y a la cabeza de este pueblo los indujo a huir hacia el desierto de Canaan.
Nada tomó el pueblo Hebreo del culto egipcio, ya que fue siempre considerado reprobable en Judea todo lo que recordara el Egipto: el becerro de oro, la serpiente de bronce y otros ídolos. Lo único que mantuvieron fue el sacerdocio Egipcio copiado de los Levi.
Todo el culto Hebreo, como ya se ha visto, está basado en los cultos de Caldea y Asiria. Sin embargo, el puro culto primitivo de los Elohim, que había culminado en la bella figura patriarcal de Abraham y que era únicamente monoteísta universal, se transforma poco a poco en un monoteísmo racial: Yahvé; el Jehová de los Judíos, no es ya el Dios Eterno que todo lo abraza, sino es el dios peculiar del nuevo pueblo, un dios reducido a una estrecha franja de tierra, a un corto número de hombres, a una relatividad personalista.
A medida que este pueblo se asienta en Canaan y se instituye como tribu fija, condensa más en sí a este dios individual.
Se hace cada vez más obscuro el concepto espiritual de los Hebreos, a pesar del reinado de David y del Templo de Salomón; cuando más va progresando el esplendor terrenal, más cunde el materialismo entre ellos.
Pero el dolor y los profetas despertaron a este pueblo para mantener a través de las razas la herencia de la religión Semita.
En el cautiverio de Babilonia, lejos de Jerusalén, lejos de los esplendores de Palestina y de la grandiosa solemnidad de su Templo destruido, volvieron a pensar en la inmensidad verdadera de Dios y a prestar oídos a las palabras de vida eterna de sus profetas.
Vueltos a Jerusalén, por voluntad de Ciro, el Gran Rey de Persia, restablecieron el culto más puro. Ezdra reúne las perdidas y desparramadas leyes del pueblo y amplía y establece definitivamente la Torah.
La vida espiritual florece y filosofías y hombres de religión proclaman la existencia del espíritu después de la muerte.
Los Saduceos, posteriores, son los materialistas, mientras que los Fariseos son los espiritualistas de Israel.
No sólo consideran la letra muerta de la ley, sino que estudian su parte esotérica y oculta. Y cuando los Cristianos nacientes quisieron adueñarse de los libros sagrados de los Hebreos, éstos no tuvieron inconveniente en cedérselos, dándoles así la letra muerta a los Cristianos y ocultando la parte esotérica que tuvo un bello reflejo en el Talmud.

Fundador de CAFH

Las Enseñanzas directas de Santiago Bovisio quedan así depositadas en manos de los hombres, cumpliéndose de esta manera su mandato final= ¡Expandid el Mensaje de la Renuncia a toda la Humanidad! Que la Divina Madre las bendiga con su poder de Amor.

Relacionado