Curso XVI - Enseñanza 5: El Perfecto Holocausto

El alma que quiere ser transformada en Dios y vivir la vida perfecta del Maestro Divino ha de sumergirse en la sangre de la pasión dolorosa; ha de sufrir intensamente para que su naturaleza humana sea redimida, la personalidad destruida, muerta y brille una súper individualidad en ella.
El alma ha de ser purificada por el sufrimiento.
El Maestro espera calladamente que el alma se decida a tomar el camino de la renuncia y del sacrificio; pero cuando ella ha roto el lazo que le impedía lanzarse a la experiencia del dolor, entonces la instruye divinamente.
Pero antes el discípulo, en su afán por mejorarse y encontrar el camino de la verdadera sabiduría, pregunta al Maestro:
“¡Mira en que mar de incertidumbre, angustia y sufrimiento he caído! ¡Mira en lo profundo de mi corazón cómo te deseo únicamente a Tí y cómo quiero seguirte! Pero, ¡que lentamente progreso! ¡Cada vez paso más largas temporadas sin tener el consuelo de sentirte cerca!”
“Yo creo que no hay padecimiento más grande que el estar lejos de Tí. ¿Es ésto, Maestro mío, estar sobre el monte Calvario?”
“Comprendo que el dolor es necesario, lo bendigo, porque me demuestra lo poco que he hecho en realidad. A pesar de todo, en esta noche de obscuridad, de pesantez de los sentidos, estando aparentemente lejos de Tí, te ofrezco mi corazón, mis pequeños sacrificios, mis pobres esfuerzos y todas las gotas de sangre que he vertido para purificarme. ¡Pero, no me abandones en esta cruenta noche!”
El Maestro, emergiendo de lo más recóndito del corazón del discípulo, le recompensa su santo holocausto instruyéndolo por la Divina Palabra:
“Admiro tus esfuerzos y te acompaño en tu dolor, como te lo he prometido. Has de saber que cuando no me veías estaba Yo oculto en tu propio corazón. Suda, alma mía, suda sangre. Todos los malos hábitos, todos tus bajos instintos salgan por tus poros en esas gotas de sangre. Suda sangre; echa de tí todo lo que ya no es tuyo, lo que quieres relegar al pasado y al olvido. Lucha solo, sufre solo; todos tus amigos te han abandonado y aquéllos que más amabas te traicionaron, porque no pueden comprender tu sendero de perfección”.
“Eres como un extraño entre los tuyos; estás en los labios de todos como un desertor porque no participas de sus mezquinas vidas. Te llevan de Herodes a Pilatos, entre ironías y maledicencias. Sufre por eso. Pero así aprendes a no murmurar, a no criticar, a no ver defectos en tu prójimo”.
“Deja que vea tus espaldas y que toque con mi mano los cardenales que por Mi amor han estampado los azotes sobre tu carne”.
“Todos tus enemigos internos vinieron en contra de tí, pues ya no les perteneces y tus aliados de ayer se han vengado martirizándote”.
“A veces te rebelas y quieres volver atrás para no sufrir tanto; pero más sufres después llorando tu debilidad y flaqueza”.
“Antes vivías como en un sueño, despreocupado, aturdido y sin pensar; pero ahora ¡cuántas preocupaciones tienes, cuántos problemas, cuántas incógnitas por aclarar! A veces esos pensamientos se clavan como espinas en tu cabeza, pero no quieres dejar de pensar. Gozas con ese dolor, pues ves que con el sufrimiento la mente se hace más flexible y comprensiva. Es que Yo me he quitado Mi corona de espinas y te la he donado a tí, la he impuesto como una corona real sobre tu cabeza. Con ella dominarás al mundo; no al mundo del poder transitorio, irreal, sino reinarás sobre la esencia de las cosas y de los seres”.
El alma intuye en esas palabras los grandes secretos que encierra el dolor y comprende su valor extraordinario para conseguir el adelanto espiritual.
Muchas almas cometen extravagancias y hacen exageradas penitencias; pero esos son falsos dolores. El dolor verdadero es aquél que viene estrechamente unido con la vida y es parte de la naturaleza del ser, pues el hombre fue hecho para perfeccionarse y para llegar a Dios por el camino de la prueba y del sufrimiento.
El dolor que hay que rechazar es el de la desesperación y el del odio, que corroe el corazón. Pero el dolor necesario para vencer e ir adelante en el dominio de sí mismo, ése es de un valor inestimable.
Cuando el alma ha comprendido el valor del dolor en su redención, ha matado el deseo, ha dado toda su sangre, purificada y redimida para el bien de los hombres, ha logrado, entonces, la muerte mística.
Cristo descansa, abandonado e inerte; ha dado toda Su sangre, todas las pasiones humanas han goteado por Sus llagas abiertas; una por una han sido vencidas y desterradas. Pero esta vida ya no le pertenece; en la relajación absoluta de la mente abre la puerta para la vida superior, la vida espiritual; entrega su cuerpo muerto en los brazos de la Madre Dolorosa.
Hora del desapego, de la muerte a todas las cosas, seres, amores, en que un camino, uno solo, amanece a los ojos recién abiertos divinamente a la vida eterna.

Fundador de CAFH

Las Enseñanzas directas de Santiago Bovisio quedan así depositadas en manos de los hombres, cumpliéndose de esta manera su mandato final= ¡Expandid el Mensaje de la Renuncia a toda la Humanidad! Que la Divina Madre las bendiga con su poder de Amor.

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