Zenzar

Curso XXIII - Enseñanza 3: El Retorno de los Hijos del Manú

Las diez Tribus, dirigidas por los diez Sabios, tomaron los nombres de éstos. La tribu de Marichi permaneció en el Tibet. Las tribus de Atri, Pulatya y Pulaka se establecieron en distintas partes de la Mongolia. Las tribus de Angryas, Kardama y Dakcha poblaron el Turquestán Chino. La de Vashishia se internó en el Turquestán Ruso. La Tribu de Bhrigú se estableció en Afganistán y la de Narada en Cachemira.

Curso XXVII - Enseñanza 2: Los Vedas

Hace miles de años una gran columna de Arios cruzó los Himalayas y, encaminándose hacia el Norte de la India actual, establecieron allí su morada. Los guiaba el Manú Vaivasvata, un Iniciado Solar de Primera Categoría, y diez sabios llamados Richis; sus nombres eran respectivamente: Marichi, Atri, Pulastya, Pulaka, Angrias, Kardama, Daskscha, Vashishiha, Bhrigú y Narada. Se asentaron allí, en la tierra de Uttura Kuru, país encerrado en un círculo de altas montañas que podría ser la actual Cachemira.

Curso XXVIII - Enseñanza 2: Los Vedas

Después de la lucha de los mil quinientos años, los Arios que emigraron al Asia Central dejaron a sus descendientes la Revelación y Tradición de una magnífica Religión que fue transmitida a través de los Vedas milenarios. Los Vedas, palabra que quiere decir “ciencia pura”, son un conjunto de himnos y cánticos que aquellos antiguos pueblos acostumbraban a elevar a sus dioses; himnos que al principio no estaban escritos, sino que eran transmitidos oralmente de generación en generación.

Curso XXVIII - Enseñanza 9: Los Persas

A medida que se iban sucediendo las civilizaciones Arias, una tras otra, se iban cambiando, modificando y transformando las religiones. En la cuenca del Tigris, en el Asia Central, se había levantado un pueblo fuerte e indómito, el Asirio, que creció pronto y desarrolló una potente civilización. La grandeza de este pueblo, lo recuerdan las ciudades populosas y perdidas de Asur, Nínive y Gale. A imitación del pueblo egipcio, su gran enemigo, al cual venció y por el cual fue vencido a su vez, divinizó el aspecto de la naturaleza, de la Diosa Paloma, la gran reina Semíramis, mientras la adoración del aspecto masculino de Dios, fue simbolizado por el fuego sagrado, que ardía constantemente en los templos.