Vedas

Curso XXVII - Enseñanza 19: El Budismo

La India había degenerado su religión de tal modo que se había convertido en una pura idolatría exterior. Las castas superiores tiranizaban al pueblo infundiéndole terror religioso. Hasta las imágenes de los dioses, de aspecto horrible, con cabezas de monstruos y posturas macabras, no infundían amor ni veneración, sino superstición y pánico. Como después de una tormenta terrible se aquietan las aguas y brilla el sol, así, en medio de la decadencia hinduista, surge en el firmamento del mundo, cual sol resplandeciente, la religión de Buda.

Curso XXVII - Enseñanza 23: Los Jainos

No se puede precisar cuándo se fundó la religión jaina, pues su memoria se pierde en los primeros siglos del Hinduismo, si bien aparece formalmente constituida en los comienzos del Budismo. Algunos la confundieron con la religión brahmánica y otros la creyeron una rama perdida del Budismo, pero no es ni una cosa ni la otra. Se formó por sí sola basándose en las enseñanzas milenarias de los Vedas. Se puede decir que la fórmula principal del devoto jaino es: Amar a todos los seres vivientes, respetando a los animales tanto como a los humanos.

Curso XXVII - Enseñanza 24: Los Militares Siquios

Antes de que alboreara en Europa el Renacimiento, la India milenaria, cuna de las más antiguas religiones y de la pura raza Aria, había decaído en forma alarmante. El budismo, aquella pura religión que unos siglos antes despertó todas las conciencias de la India hacia la fuente de lo eterno, había sido desterrado a sangre y fuego al resto de Asia. El fervor y la vuelta a la religión de los Vedas y a las puras leyes de Manú, que había sido una contrarreforma hinduista suscitada por el budismo, decayeron también.

Curso XXVIII - Enseñanza 7: Los Caldeos

Como dos inmensos ríos que se encuentran y se juntan entre sí, la antigua religión divina de los Atlantes y la nueva religión de los Vedas se juntaron y florecieron en la naciente raza Aria. Al Nordeste de África se extendía una tierra inhospitalaria y casi inhabitada. Como inmensa masa de sal, la finísima arena del desierto era la única dueña del territorio, pero en el linde oriental de este desierto, se estableció una nueva raza que fue después conocida con el nombre de Meda.