Spitzberg

Curso XXIX - Enseñanza 3: La Raza Hiperbórea

Eolo, el dios de los vientos, corría velozmente de un lado al otro de la atmósfera terrestre, limpiándola de todas sus impurezas; y el Sol, con una luminosidad más clara que la que ahora puede observarse, brillaba constantemente. Pero, gracias a este viento, a estas corrientes de aire que no cesaban jamás, la Tierra se iba resecando, la vegetación tomaba un color normal y el nuevo continente Hiperbóreo bien podía llamarse “la tierra donde nunca se pone el sol”.