Semíramis

Curso XXVII - Enseñanza 8: La Religión Irania

A medida que se iban sucediendo las civilizaciones Arias, una tras otra, se iban cambiando, modificando y transformando las religiones. En la cuenca del Tigris, en el Asia Central, se había levantado un pueblo fuerte e indómito, el Asirio, que creció pronto y desarrolló una potente civilización. La grandeza de ese pueblo la recuerdan las ciudades populosas y perdidas de Asur, Nínive y Gale; a imitación del pueblo egipcio, su gran enemigo, al cual venció y por el cual fue vencido a su vez, divinizó el aspecto de la naturaleza, de la Diosa Paloma, la gran reina Semíramis; mientras la adoración del aspecto masculino de Dios, fue simbolizado por el Fuego Sagrado, que ardía constantemente en los templos.

Curso XXVII - Enseñanza 9: La Diosa Asiria de la Guerra

Estrechado entre los poderosos imperios Caldeo y Egipcio, un nuevo pueblo había surgido: los Asirios. Los Caldeos, los Asirios, los Fenicios, los Sirios, los Sargónidas y los Persas constituyen la tercera subraza Aria llamada Irania. Las subrazas Arias se dividen del siguiente modo: Raza Raíz Aria: Primera subraza: Ario - Aria Segunda subraza: Ario - Semita Tercera subraza: Ario - Irania Cuarta subraza: Ario - Celta Quinta subraza: Ario – Teutona (está terminando)

Curso XXVIII - Enseñanza 8: Los Asirios

El pueblo Asirio estaba destinado a formar una religión semita por excelencia. Se había formado fuerte, indómito y peleador, ya que era destino de Asiria mantenerse independiente a costa de guerras continuas pues la rodeaban potencias enemigas. Es lógico, entonces, que la religión Asiria sea por excelencia guerrera y personificación de los poderes de la guerra, del combate y de la victoria. El Rey de los Asirios, Asur, es un Iniciado Semita que guía a ese pueblo a la conquista de una civilización nueva: la civilización por la fuerza.

Curso XXVIII - Enseñanza 9: Los Persas

A medida que se iban sucediendo las civilizaciones Arias, una tras otra, se iban cambiando, modificando y transformando las religiones. En la cuenca del Tigris, en el Asia Central, se había levantado un pueblo fuerte e indómito, el Asirio, que creció pronto y desarrolló una potente civilización. La grandeza de este pueblo, lo recuerdan las ciudades populosas y perdidas de Asur, Nínive y Gale. A imitación del pueblo egipcio, su gran enemigo, al cual venció y por el cual fue vencido a su vez, divinizó el aspecto de la naturaleza, de la Diosa Paloma, la gran reina Semíramis, mientras la adoración del aspecto masculino de Dios, fue simbolizado por el fuego sagrado, que ardía constantemente en los templos.