Meditación

Curso III - Enseñanza 10: La Aridez

La aridez se produce cuando el ejercicio de la meditación no produce respuestas sensibles. El Hijo se identifica con el pensamiento-deseo lanzado por la mente y se pierde en el vacío de una sensibilidad gastada por los choques emotivos de una mente incontrolada. En los comienzos, él despertaba una fuerza que se oponía a otra fuerza y esa lucha le daba la sensación de lo que hacía. Pero el tiempo gasta la capacidad de respuesta sensible y deja sólo una fuerza perdida en un vacío sin ecos.

Curso III - Enseñanza 11: La Idealización en la Meditación

La idealización del yo produce una especie de desdoblamiento interior y se expresa a veces en los ejercicios que hacen los Hijos. La necesidad real del alma no es algo que se elige arbitrariamente, sino la que surge irresistiblemente del interior. Se observa en los ejercicios de meditación con cuanta facilidad se crea una personalidad espiritual ficticia. En los comienzos todo es un ansia de morir en la entrega, de confesar la imperfección, de aspirar a la virtud y la Renuncia.

Curso III - Enseñanza 13: La Imaginación Creadora

El hombre sueña continuamente y no obtiene casi nada. El Hijo plasma sus sueños divinos. Los ejercicios de oración son técnicas humanas para conseguir un resultado divino. Es muy conveniente la racionalización de los métodos de meditación, pero hay que tener cuidado en no racionalizar la oración misma. El medio debe ser conocido, experimentado, dominado. Pero no puede establecerse una metodología de la oración en sí. Para el Hijo que vive en el mundo el ejercicio de la meditación tiene gran importancia; es el acto trascendente del día que transforma poco a poco toda su vida.

Curso III - Enseñanza 14: Ascética de la Vida

Hay almas que ponen un empeño particular en la práctica de sus ejercicios de meditación y, sin embargo, no obtienen resultados evidentes de este esfuerzo. Sucede que saben meditar bien, pero sólo eso. Limitan su vida espiritual a la práctica de algunos ejercicios y no hacen más. Es cierto que el ejercicio correcto y metódico da resultados evidentes, pero para que esos resultados sean espirituales hace falta mucho más que un ejercicio: debe emplearse todo el ser en una ascética continua, ininterrumpida, de Renuncia.

Curso III - Enseñanza 3: El Ejercicio de la Meditación en la Vida Espiritual

Los diversos ejercicios de meditación que se enseñan en la ascética de la vida espiritual adquieren o pierden importancia según la ubicación del Hijo ante esa vida espiritual. El Hijo medita regular y metódicamente. Esta continuidad dentro de una vida consagrada a la realización de la Renuncia produce necesariamente la unión mística del alma con la Divina Madre, en cualquier lugar en que el Hijo se halle y cualquiera sea la obra que tenga que cumplir.

Curso III - Enseñanza 4: La Meditación

En principio se debe aclarar qué se entiende por meditación, por ejercicios de meditación, por oración, plegaria y ruegos. El ejercicio de meditación no es un ruego o pedido para uno mismo u otra persona; es un ejercicio de la mente. Una cosa es rogar y otra meditar. La meditación es un estado o modo de ser del alma. La meditación es la estabilidad dentro de un estado de conciencia, en contraposición a la variabilidad habitual.

Curso XIV - Enseñanza 7: La Oración

El Hombre y Dios son dos cosas aparentemente distintas; pero cuando quitados los velos de la ilusión el hombre realiza a Dios, entonces son como una sola cosa. Esta es la felicidad, el paraíso, y por esto el ser en la tierra, aún sin saberlo, anhela la perfección espiritual y encontrar a Dios. La oración es el medio para encontrar a Dios; la armonía entre los sentimientos del corazón y las fuerzas mentales son los elementos para alcanzarlo.