La Meditación Discursiva

Curso XVI - Enseñanza 1: La Oración es Amor

Ninguna fuerza anímica, ningún sueño idealista, ninguna realización es posible sin el amor, sin poner en movimiento hacia su más alta culminación el sentimiento. Nuestra misión fracasaría si únicamente tuviéramos una gran misión que cumplir, una gran idea que dar y no tuviéramos el sentimiento adecuado para hacerla vivir, fructificar, llegar a feliz término. Una sola cosa debe coronar el alma llamada a la senda mística: el amor a la realización.

Curso XVI - Enseñanza 2: Idea Clara de la Oración

El alma está viva, presente, en el fondo del ser. Pero está envuelta en muchos velos. Destruirlos es el gran trabajo que debe cumplir el Hijo. El sentimiento de amor apoyado en una idea clara es indispensable para la recta oración que busca lograr estos objetivos. No basta que en la meditación se digan palabras. Es preciso que se sientan esas palabras, que penetren, que sean tan fuertes como la vida misma, invencibles como la muerte.

Curso XVI - Enseñanza 3: Purificación Inicial

El alma, cuando empieza el ejercicio de la meditación, a pesar de sus buenos deseos de adelanto espiritual, está obstaculizada por las continuas distracciones de la mente no acostumbrada a responder a los dictados interiores. Cuando comprende que dentro de sí misma se agitan los mismos deseos e intereses que tienen los hombres del mundo, todo su ser clama: “Bienamado Maestro que moras en mi corazón; me has llamado a esta senda espiritual únicamente por tu gran amor.

Curso XVI - Enseñanza 4: La Escala del Cielo

Cuando el alma persevera en la oración el Maestro ahuyenta las tinieblas de la ignorancia y la llena de santa felicidad. El alma le pide que le descubra su presencia y después que su Imagen Divina se ha dibujado con claridad en su mente, brotan del corazón afectos y santos deseos. Propósitos y nuevas promesas sellan esta hora y, a veces, el alma sale como enajenada de allí y como si un soplo nuevo de vida la embargara.

Curso XVI - Enseñanza 5: El Perfecto Holocausto

El alma que quiere ser transformada en Dios y vivir la vida perfecta del Maestro Divino ha de sumergirse en la sangre de la pasión dolorosa; ha de sufrir intensamente para que su naturaleza humana sea redimida, la personalidad destruida, muerta y brille una súper individualidad en ella. El alma ha de ser purificada por el sufrimiento. El Maestro espera calladamente que el alma se decida a tomar el camino de la renuncia y del sacrificio; pero cuando ella ha roto el lazo que le impedía lanzarse a la experiencia del dolor, entonces la instruye divinamente.

Curso XVI - Enseñanza 6: El Libro Inmortal

La vida espiritual es comparable a un viaje, a un gran viaje que ha de terminar en la Ciudad Santa de Dios. Por eso es indispensable que el discípulo siga adelante y aprenda cómo hacerlo paciente y constantemente, sin darse vuelta jamás, sin desviarse del sendero y siguiendo siempre la ruta trazada. El Maestro ha de ser su Divino Compañero. Si el alma es perseverante lo sentirá a su lado y oirá su divina voz que la reconforta continuamente.

Curso XVI- Enseñanza 7: Vida Nueva

No se puede iniciar el Camino de la Perfección si no se nace a nueva vida. El pasado del discípulo y todo lo que queda atrás es un estorbo. Hayan sido buenas o malas sus acciones, debe olvidarlas. El pasado, de todos modos, queda unido al discípulo por la esencia del bien y del mal. Por eso el alma amante, deseosa de perfección, pregunta a su Divino Maestro: “Quisiera sumergirme en el total olvido de mi pasado, cerrar los ojos y abandonarme en el sueño purificador para poder reencontrar el camino de luz que he olvidado, pero que vislumbro”.