La Columna Vertebral

Curso XIX - Enseñanza 3: La Columna Vertebral

De la correcta colocación de la columna vertebral depende en el mayor grado la perfección de las posturas. Gran número de las posturas antiguas se han ideado de tal manera que durante su ejecución fuerzan a la columna a su posición correcta. Esta posición correcta es alcanzada cuando los centros, que tienen su raíz en la columna vertebral, funcionan armónicamente. La columna vertebral es el Sendero Espiritual colocado en el hombre, atravesando todos los estados evolutivos existentes desde el plexo sacro hasta el coronario.

Curso XIX - Enseñanza 4: Ejercicios para Enderezar la Columna Vertebral

En las posturas naturales del hombre, la columna vertebral debería formar una línea de muy ligeras ondulaciones y, sin embargo, es habitual encontrar en la mayor parte de los hombres, una más o menos pronunciada convexidad de la espalda en la parte alta de la columna vertebral (cifosis). Al advertirlo la persona afectada por este hábito de postura, trata de enderezarse, lo que no logra en esa región porque los tejidos se han inflexibilizado y cae entonces en un nuevo vicio de postura, al curvar la parte baja de la columna vertebral hacia adentro, produciendo una concavidad a la altura de las caderas (lordosis).

Curso XIX - Enseñanza 5: Movilización Dinámica de la Columna Vertebral

Una vez que se ha logrado dar una mayor amplitud de movimiento a la columna vertebral mediante ejercicios de enderezamiento, es bueno practicar el siguiente ejercicio que flexibiliza dinámicamente la columna vertebral y que es al mismo tiempo, la síntesis de todos los movimientos naturales de la columna. El mismo desarrolla también el sentido del equilibrio y fortalece el sentido que impulsa al ser a realizar los movimientos con naturalidad. Se ha observado que esta naturalidad se obtiene cuando todos los movimientos parten desde un punto que se halla colocado en la columna vertebral, a la altura de las caderas.

Curso XIX - Enseñanza 6: Diferencias Principales en las Posturas

Se considerarán primeramente las tres posturas principales por encontrarnos en todo momento adoptando una de ellas, es decir: la postura de pie, sentada y acostada. Tanto nos hemos acostumbrado a pasar de una a otra o a permanecer durante horas en una postura determinada, que hemos perdido todo sentido crítico que nos permita advertir si la postura en que nos hallamos es correcta o no. Sólo a veces, después de estar sentados durante largo tiempo delante de una tarea absorbente, notamos que la tensión en que mantuvimos continuamente ciertos músculos de la espalda y de las piernas se torna insoportable.