Historia de las Órdenes Esotéricas

Reflexión N° 98 - El Continuo Histórico

Para comprender mejor esta Reflexión es necesario consultar las siguientes Enseñanzas del Curso “Historia de las Órdenes Esotéricas”: La Sabiduría Árabe y la Mujer Velada; El Antiguo Egipto y El Templo de la Iniciación. Entre las dos fechas históricas mencionadas en la Reflexión anterior, 1350 A.C. y 1925 D.C. han transcurrido 3275 años, 32 siglos de continuidad histórica en lucha permanente del monoteísmo versus el politeísmo, un grandioso conflicto de arquetipos que ha dominado la Historia de la Civilización Occidental y que en estos tiempos, fin de la Raza Teutónica y comienzo de la Raza Americana, adquiere dimensiones planetarias y catastróficas.

Curso XXVI - Enseñanza 1: Las Leyendas de las Órdenes Esotéricas

Miguel, el Jefe de la Hueste del Fuego, había purificado entre truenos, relámpagos y llamas, una Montaña Sagrada. Por centurias brilló en ella un fuego volcánico de terrible poder que, vomitando lava ardiente y piedras calcinantes, formaba un círculo impenetrable. Si alguno hubiera pretendido llegar allí, habría sido preciso que caminara hacia el Oriente por terrenos malsanos, pantanosos e inhospitalarios. Luego encontraría una tierra verde y ondulante que descendía suavemente hasta la orilla de un lago de aguas saladas, inmóviles y transparentes, disimulando con su mansedumbre la furia que se desencadenaba en los días tormentosos.

Curso XXVI - Enseñanza 2: La Sabiduría Árabe Esotérica y La Mujer Velada

Ya se sabe que entre los orientales no sólo se admitían las mujeres en la Orden sino que hasta podían llegar a ocupar el cargo supremo. Y fue una mujer, hace aproximadamente 2500 la que dirigió los destinos de la Tabla de Hoggard. Era una alta entidad que por última vez descendía al mundo físico con humanas vestiduras. Por eso había de ser como un símbolo, como una recopilación de la era mental que se iba, dejando paso a la era del sentimiento cristiano que despuntaba.

Curso XXVI - Enseñanza 3: El Antiguo Egipto

Es necesario repetir una vez más la antigua y siempre actual pregunta: ¿existe un Dios Creador, o no existe? Y se deberá, por la posesión de ideas claras, propias, responder a conciencia. Hacia fines del siglo XIX, en la antesala de la cámara mortuoria de un biólogo ilustre se habían reunido sus amigos, de diversas tendencias como es de imaginar tratándose de un hombre de fama. Un católico, conversando con un anciano caballero, expresó su pesar por el hecho de que el moribundo no se hubiera reconciliado con Dios.

Curso XXVI - Enseñanza 4: El Templo de la Iniciación

Se estudiaban los libros de la Madre Eterna en este Templo, y fue en él donde con las Escuelas Esotéricas de Amón llegó al máximo esplendor el poder y la sabiduría de los Sacerdotes de Amón, con quienes alcanzó el politeísmo su mayor fulgor. El Templo de Amón que se rememorará -la influencia de cuyos sacerdotes se hacía sentir en todo el mundo a pesar de que, físicamente, no lo abandonaban jamás-, podría ubicarse a unos cien kilómetros de Tebas, próximo al Nilo.

Curso XXVI - Enseñanza 5: Amón en las Escuelas Helénicas

La escuela esotérica que, por darle un nombre, podría llamarse politeísta tuvo su máxima expresión en Egipto. Eventualmente decayó y sus templos fueron completamente sepultados bajo las arenas. Los mahometanos se encargaron de impedir que se buscaran y sólo recientemente, no hace siglo y medio todavía, se ha empezado a desenterrar templos y sepulcros y a descifrar inscripciones, las que son todas exotéricas. Las esotéricas fueron destruidas, principalmente cuando la desaparición de la Biblioteca de Alejandría.

Curso XXVI - Enseñanza 7: Antiguos Ceremoniales Iniciáticos de los Caballeros

Los antiguos Iniciados veían en el año, además del movimiento del sol a través de las doce casas zodiacales, el camino del alma, desde el nacimiento hasta la muerte, en busca de la perfección. Por ello daban tanta importancia a las festividades anuales, las que simbolizaban los distintos pasos y aspectos de la vida material y espiritual. Julio César, arbitrariamente, quitó al año alguna de sus horas, resumiéndolas todas juntas en un día cada cuatro años, en el año bisiesto.