En el Viejo Mundo

Relato N° 21 - Archipiélago

Desde que Michaël me dirigió la palabra, indicándome que escribiera los acontecimientos del camino, como ya lo estaba haciendo desde que salí del Huechulafquen, me acompañan muchos amigos en el viaje, especialmente ballenas, delfines, ninfas y ases que quieren aparecer en esta segunda parte de la historia, fundamental para la configuración del Planeta y el destino de los hombres. Viajo sobre ballenas, cambiando de cabalgadura cuando me lo piden, envuelto en una burbuja de aire que me construyeron los ases y así puedo descender a las profundidades del mar sin ninguna dificultad, cuando los cetáceos bajan para comer.

Relato N° 22 - Londres

El Maitreya y sus ayudantes salieron de Washington caminando por la Avenida Pensylvania entre explosiones y grandes incendios de edificios: a lo lejos, el Pentágono ardía por los cinco costados. Helicópteros y cazas sobrevolaban a baja altura, lanzando sus misiles ciegamente. El caos era total. En una calle apartada tomaron un taxi y partieron hacia el sur, a gran velocidad. Después de una hora, ingresaron a un aeródromo privado y ascendieron a un Lear Jet que los estaba esperando; de inmediato, el aparato alzó vuelo y enfiló rumbo al Este, sobre el Océano Atlántico, a gran altura.

Relato N° 23 - París

El TGV marchaba silencioso y rápido por la campiña francesa. El Maitreya miraba solitario por la ventanilla. Los ayudantes se ubicaron detrás, siempre atentos y vigilantes. Un adolescente de quince años avanzó por el pasillo y saludó: “Buen día, señor Maitreya. ¿Puedo sentarme a su lado?” El gran ser lo miró y asintió con la cabeza. El chico se sacó una mochila pequeña de los hombros, la puso en el piso y se sentó, dando las gracias.

Relato N° 24 - Roma

El Maitreya permanece extático en la cumbre del Monte Blanco, inmóvil, silencioso, con los ojos cerrados, viajando por los inmensos espacios del destino humano, cuando los cambios aceleran sus movimientos y las fuerzas del karma se aproximan más y más unas a otras, produciendo la chispa que producirá el alumbramiento de una nueva Humanidad, con la temible reversibilidad de la marcha. El Gran Iniciado Solar espera. La rueda del destino de involución hacia la materia ha dejado de girar y permanece también quieta un instante para echar a circular en sentido contrario, hacia el espíritu, hacia los mundos plurales, hacia la luz solar.

Relato N° 25 - Jerusalén

Ahaswero huyó de Roma y partió hacia Jerusalén en un avión de la Fuerza Aérea Israelí, con su inseparable maletín negro sujeto a la mano izquierda y los custodios del servicio secreto. Al llegar a Tel Aviv fue conducido en helicóptero hasta Jerusalén donde descendió fuera de la reja que cierra el patio del Muro de los Lamentos. Un sacerdote que lo esperaba en un portal, abrió la puerta y lo hizo pasar.

Relato N° 26 - El Hogaard

En barca pequeña y blanca, con un mástil sosteniendo la alta vela latina, me acerqué a la costa del Sahara, con grandes dunas marcando el horizonte, conducida por un pescador del sur de Italia o, mejor dicho, de una de las islas del archipiélago en que se convirtió la península. Hábilmente, el barquero detuvo su nave suavemente en la arena y descendí en el agua fresca. Le regalé las cosas que no me harían falta en el desierto y que recibió con gusto, piedras, collares de coral rojo, algunas semillas de pehuenes que deseaba plantar en su isla y nos despedimos amistosamente.

Relato N° 27 - Paisajes Atlantes

Los párrafos marcados con asteriscos pertenecen a las Enseñanzas “Vida Interna de la Tierra”, “Las tres primeras Subrazas Lemurianas” y “Sexta y Séptima Subrazas Lemurianas.” Inmensas cavernas se extienden en todas direcciones ante los viajeros. Partieron desde los subterráneos secretos de Hoggard y guiados en las primeras jornadas por sacerdotes del Santuario, fueron descendiendo y marchando hacia el Oeste rápidamente, sin obstáculos, porque esa zona estaba limpia de detritus custodiada desde la época en que la Madre Abbhumi era la autoridad suprema de la Comunidad del desierto.