Atlántida

Curso XXVI - Enseñanza 1: Las Leyendas de las Órdenes Esotéricas

Miguel, el Jefe de la Hueste del Fuego, había purificado entre truenos, relámpagos y llamas, una Montaña Sagrada. Por centurias brilló en ella un fuego volcánico de terrible poder que, vomitando lava ardiente y piedras calcinantes, formaba un círculo impenetrable. Si alguno hubiera pretendido llegar allí, habría sido preciso que caminara hacia el Oriente por terrenos malsanos, pantanosos e inhospitalarios. Luego encontraría una tierra verde y ondulante que descendía suavemente hasta la orilla de un lago de aguas saladas, inmóviles y transparentes, disimulando con su mansedumbre la furia que se desencadenaba en los días tormentosos.

Curso XXVII - Enseñanza 7: Los Magos Caldeos

Como dos inmensos ríos que se encuentran y se juntan, la antigua religión Divina de los Atlantes y la nueva religión de los Vedas se juntaron y florecieron en la naciente raza Aria. Ya se ha visto cómo los Arios abandonaron las mesetas y estepas del Asia septentrional, emigrando en grandes caravanas hacia el Sud. Al nordeste de África se extendía una tierra inhospitalaria y casi inhabitada limitada por los mares Negro, Mediterráneo, Caspio, el Océano Indico y las montañas del Cáucaso.

Curso XXIX - Enseñanza 10: La Raza Atlante

Durante la época atlante hubieron dos grandes períodos glaciales; a éstos siguieron otros menores, que duraban un año saturniano (30 años). Esto era una reacción lógica a períodos de gran calor terrestre. Tejas, el elemento del fuego, dominaba sobre la Tierra con grandes calores e intensos fríos; y hacía sentir su influencia en el cuerpo humano haciendo subir la llama de Kundalini desde el Chakra fundamental al cerebro. El continente atlante se extendía desde Islandia hasta el Brasil y desde Texas y Labrador hasta el África.

Curso XXIX - Enseñanza 13: Cuarta y Quinta Subrazas Atlantes

Como un enemigo mortal, hace 850.000 años un cinturón de hielo rodeaba la tierra, destruyendo todo vestigio de vida. La grandeza de los Toltecas, la Ciudad de las Puertas de Oro, los recuerdos de una soberbia civilización, habían sido arrastrados por las aguas a las profundidades de los océanos o sepultados bajo capas de nieve. Los pocos grupos humanos que pudieron sobrevivir a tan espantoso cataclismo, emigraron. En la región que actualmente abarca desde Perú hasta Méjico, altísimas montañas habían formado como un oasis, donde pudieron subsistir algunos pequeños grupos humanos, progenitores de la subraza Turania.

Curso XXIX - Enseñanza 14: Las Dos Últimas Subrazas Atlantes

Todo a lo largo de la costa oriental del actual Océano Atlántico, había surgido la nueva subraza de los akadios. Crecían lentamente mientras los semitas peleaban con sus mortales enemigos, los turanios, llamados en el Ramayana, los Rakshasha. Los akadios vivían en vastas llanuras, formando un tipo de atlantes blancos, pero mucho más corpulentos que los semitas. En su infancia, los akadios vieron la destrucción de una parte de la Atlántida, hace unos 220.