Desenvolvimiento Espiritual

Curso I - Enseñanza 1: Hidrochosa

Ideas y obras nuevas se preparan para el mundo. Si la raza del cristiano signo del Pescado ha desarrollado en alto grado los estados de colectividad, los grandes movimientos y organizaciones en masa, la sexta subraza desenvolverá de un modo especial la egoencia del ser. Empezará por ampliar el sentimiento de egoísmo superpersonal; se hará familiar el concepto que la humanidad no adelanta ya por la dádiva que pueda recibir, y los nuevos tipos humanos se proporcionarán la felicidad con sus propios medios.

Curso I - Enseñanza 2: El Tabernáculo Secreto

Cuando un hombre decide emprender algo nuevo para él, queda implícitamente establecido por las leyes de la lógica que es indispensable empezar por el punto de partida comúnmente fijado para lograr el objeto. Por eso se entiende, que al comenzar el candidato el camino de su perfeccionamiento ha de resolver la reforma de su vida anterior, según hicieron otros que ya treparon las alturas del alma. Se entiende que el aspirante ha de adoptar una determinada regla, o código, y observarla escrupulosamente, bajo pena de perder lastimosamente el tiempo si no lo hace y aun de recibir serios castigos.

Curso I - Enseñanza 3: La Llamarada

“El Espíritu es fuerte, mas la carne es flaca”. Muchos desearían salir de las vulgaridades y miserias de la vida; pero la falta de ejercicios espirituales, la carencia de ambiente y los enemigos internos interrumpen continuamente el camino del mejor intencionado. La llama de la Madre Divina brilla sobre el monte de las aspiraciones con toda su brillantez, pero ¿cómo llegar hasta allí? Entonces el neófito, titubeante, se formula dos preguntas: ¿Si soy un ente libre, por qué no puedo libertarme de las pasiones que me atan a la tierra?

Curso I - Enseñanza 4: Examen Retrospectivo

Con tolerable aproximación podemos representar el pensamiento como el fluir de una corriente de agua que continuamente baja de desconocidas montañas (lo instintivo, lo racional), se plasma en el curso de antemano trazado, para desembocar finalmente en la inmensidad del mar de la materia. El pensamiento fluye siempre, su actividad es incesante, cuando no consciente, subconscientemente; tal sucede durante la noche, estando entregado al sueño, mientras el cuerpo descansa. Si no fuera así, reinaría el caos.

Curso I - Enseñanza 5: Reserva de Energías

Si el principiante quiere adelantar rápidamente ha de habituarse a reservar sus energías físicas, intelectuales y morales. Aquello de que “trabajar es orar” es verdad, si se entiende por trabajar una perfecta autoconciencia del ser de todos sus actos, hasta de los más insignificantes. El resultado directo de esta autoinspección continua será un notable aumento de fuerzas en los centros productores etéreos, las cuales, aplicadas en el momento oportuno, verterán en la vida del discípulo una abundante dosis de salud, corrección y éxito.

Curso I - Enseñanza 6: Método de Vida

Metodícense las vidas, los años, los días. Mírese la magnificencia de la bóveda celeste, cómo matemáticamente recorren sus órbitas los sistemas solares y los astros, las vueltas de los años cósmicos y los días humanos. Puede observarse cómo todo es ley y orden en la Naturaleza, y la regularidad con que se suceden las estaciones del año. Si desde el punto de vista espiritual el Alma debe tener la más absoluta libertad de orientación, en los actos exteriores y método de vida, las acciones del ser deben estar sometidas a estricta ley y vigilancia.

Curso I - Enseñanza 7: Asistencia y Trabajo

Como centinela, siempre vigilante, ha de ser el discípulo, porque en cualquier momento puede sonar la hora en la cual se lo llama a la Labor. Los Maestros que dirigen los destinos del mundo lo llamarán a trabajar en cuanto esté el candidato bastante preparado para participar en la misma. La Obra de asistencia a la humanidad es la Gran Corriente, poderosa fuerza puesta en marcha por los protectores invisibles, que arrastra consigo al ser que esté en condiciones de sostenerse en Ella, y excluyendo a aquél que no puede tolerar la alta vibración de la misma.